Saber vivir en libertad
Lo de “saber vivir” aparentemente todos sabemos, aunque no resulta nada fácil llegar a un acuerdo, a causa de que hay diversos criterios respecto a cómo debemos vivir y qué es lo que tenemos que hacer para conseguirlo.
Los animales están programados naturalmente para ser lo que son, lo que sin duda les ahorra muchos quebraderos de cabeza. Y aunque también nosotros estamos programados por la naturaleza a ciertas fidelidades y nuestro “programa cultural” nos vuelve en ocasiones muy predecibles, los seres humanos nunca estaremos lo suficientemente programados para actuar según lo esperado porque somos libres al actuar.
Así, cuando alguien se sale del patrón cultural esperado por el grupo que lo rodea, resulta que se vuelve “raro”. En el caso de nuestro Presidente, por ejemplo, su programación natural debería ser amar la ciudad que lo cobijó al nacer y que lo formó como ser humano. Lo natural debiera ser que ame a Guayaquil, pues es la ciudad que lo protegió cuando niño, la ciudad donde recibió sus primeros afectos, donde aprendió a hacer amigos. Sin embargo, dado su comportamiento con Guayaquil, tal parece que dijo: ¡A la porra con todo! Yo tengo un objetivo y eso es lo importante!
Y aunque todavía no nos queda claro cuál es su objetivo con Guayaquil, a no ser lo que se dice a voces: que no le gusta nuestro Alcalde y que con tal de complicar su mandato, no le importa poner en riesgo muchas vidas, al no prever por ejemplo, una catástrofe en el puente Guayaquil-Durán, ordenando un ejecútese sin el aval de un estudio imparcial que garantice nuestra seguridad ciudadana independientemente del estrato social. ¿Este es su verdadero objetivo? No me lo creo, no creo que se trate de un simple capricho, porque nuestro Presidente es un hombre inteligente que sabe que está escribiendo nuestra historia y así como ahora es bienamado, puede también ser despreciado y si obra mal con Guayaquil, Guayaquil lo castigaría de uno u otro modo, tarde o temprano.
Cierto es que los líderes, artistas, intelectuales, etcétera, por estar expuestos a los demás, siempre dan que hablar y son criticados o amados en demasía, debido, entre otras cosas, a que se salen de su patrón cultural esperado y nuestro Jefe de Estado no es la excepción. Por decirles algo, estoy a favor de la justicia social y veo muy natural que se considere con afecto a los más necesitados, siempre y cuando esa parcialidad con los pobres no sea solo porque estos son mayoría, con los buses porque son un gremio poderoso, o a favor de mi querida capital porque alberga al palacio de gobierno; da que hablar, ¿sí o no?
Sin embargo, lo que tenemos a favor los seres humanos a diferencia de los animales es que los hombres podemos inventar, rectificar y elegir nuevas formas de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, frente a lo que nos parece malo e inconveniente para vivir. Y como somos libres, siempre habrá gente que abuse de esa libertad, que cumpla mal su función pública o que instrumentalice a los demás. De modo que es prudente no decir “todos son iguales” o cerrar los ojos ante lo evidente, sino exigir más “controles” para que nunca quede impune un delito y procurar adquirir “un cierto saber vivir” que nos permita acertar en las decisiones correctas.
Fuente: El Universo Pais: Ecuador Autor: Nancy Centeno G.